A MIS QUERIDAS MAESTRAS DE EDUCACIÓN INFANTIL

Rita Benavent Oltra

A MIS QUERIDAS MAESTRAS DE EDUCACIÓN INFANTIL

 Al saber que soy maestra, la gente suele preguntarme qué enseño. Cuando explico que soy tutora de niños de tres años en una escuela de educación infantil i primaria, generalmente responden con un “¡Ah!” tan desabrido, que me gustaría exclamar:

-¿En qué sitio, si no allí, me abrazaría un apuesto jovencito y me diría que me quiere?

-¿Dónde más podría atar lazos para el pelo, ajustar cinturones, ver un desfile de modas a diario, y, aunque siempre me vista de la misma manera, oír decir que mi vestido es bonito?

– ¿En qué otro lugar tendría el privilegio de menear dientes flojos y de arrancarlos cuando terminan de aflojarse?

– ¿Dónde más podría guiar en la escritura de las primeras letras una manita que quizás algún día escriba un libro importante?

– ¿En qué otra parte olvidaría mis penas porque tengo que atender tantas cortaduras, raspones y corazones afligidos?

– ¿Dónde conservaría el alma joven, sino en medio de un grupo cuya atención es tan efímera que siempre debo tener a mano una caja de sorpresas?

– ¿En qué otro sitio derramaría lágrimas porque hay que dar por terminado un año más de relaciones felices?

 

El siguiente escrito, es una obra de la que no se han encontrado referencias puesto que la misma se difundió y llegó a mí a través del correo electrónico. Por medio de la misma, pienso que se pretende reivindicar, dar a conocer y dotar de prestigio a la profesión de maestro/a de educación infantil. Una labor que durante muchos años, y aún en la actualidad, está desprestigiada por el hecho de que se piensa que a estas edades cualquier adulto (sin titulación) es capaz de “custodiar” y entretener a los niños y niñas.

Dentro de esta creencia no se contempla el papel tan importante que desempeñan los y las maestros y maestras en el proceso de enseñanza-aprendizaje del alumnado. Una labor muy implicada y profesional cuyo único fin es el de contribuir al desarrollo íntegro de los niños y niñas.

Los tópicos y los prejuicios sociales forman parte de nuestra sociedad, y estos son incluso uno de los problemas que nos rodean. Por lo que respeta a las profesiones, siempre ha habido algunas mejor consideradas que otras pero la verdad es que todas son necesarias y requieren de un esfuerzo.

 La figura del docente en la actualidad no está reconocida de igual manera que hace unos años tanto por sus alumnos como por la sociedad. Tanto la carrera que se estudia para ser maestro como la tarea que este finalmente desarrolla son a mi entender admirables, porque trabajar guiando aprendizajes supone mucha dedicación, esfuerzo, paciencia…, y muchas aptitudes y actitudes de cara a los alumnos que muchas veces se obvian por parte de la sociedad porque ni tan siquiera se tienen en consideración.

 La tarea que este desarrolla engloba muchos aspectos, algunos de los cuales son: dominar los contenidos, desde un punto de vista flexible, adaptarse siempre a las nuevas exigencias y cambios sociales; establecer metas entre los alumnos; regular los aprendizajes, facilitando su adquisición; fomentar la curiosidad intelectual; enseñar qué hacer, como, cuanto y por qué; atender las individualidades de los estudiantes; desarrollar en los alumnos actitudes positivas…

 Todas estas tareas, sobre todo en los primeros ciclos educativos, tienen un gran peso debido a que en buena medida dependerá de estos el hecho de que los pequeños desarrollen actitudes positivas hacia el aprendizaje y la enseñanza.

 El trabajo de maestro/a, profesor/a, como cualquiera otra tarea tiene tanto aspectos positivos como negativos. Por lo tanto, a todas aquellas personas que afirman que la profesión de docente es muy fácil y está demasiado bien remunerada, yo los invitaría a que forman parte del colectivo de docentes, ya que nadie les ha cerrado la puerta y el acceso a la universidad está al alcance de todo el mundo que tenga ganas de estudiar.

Cada uno, cuando puede escoger, elige el trabajo con que más se identifica. Creo que no puede haber nada mejor que trabajar en lo que a uno le gusta y por lo tanto, no se puede decir que un trabajo sea mejor que otro, sino que todos son diferentes al iguales que sus respectivas ventajas e inconvenientes, y por tanto, se deben respetar.

 A continuación,  se adjunta el dibujo realizado por la niña Ainhoa de cinco años de edad, en el que se refleja una maestra de un aula de educación infantil.

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